>>>La Viena de Sissi y otras historias de la corte
Foto: © WienTourismus / Christian Stemper

La Viena de Sissi y otras historias de la corte

Seguimos los pasos de la emperatriz y el resto de los Habsburgo por los jardines y palacios de la capital austriaca. Un viaje a una época que aún se puede ver, tocar y saborear.
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no puede sentir el peso de la Historia al adentrarse en los salones rococó del Palacio de Schönbrunn. De la Historia con mayúscula, pero también con minúscula, de las historias cotidianas, del día a día de la Corte en uno de los imperios más importantes de su época. Construido en estilo barroco, fue la residencia vacacional de los Habsburgo durante varias generaciones. Aquí nació el emperador Francisco José en 1830 y pasó muchos de sus veranos María Antonieta. Cuentan que Mozart, siendo todavía un niño, le prometió que un día se casaría con ella. Su música todavía resuena en el Salón de los Espejos, donde tocó sus primeras piezas frente a la familia del Emperador.

En Schönbrunn pasó su primera noche Isabel de Baviera (Sissi) en Viena y también sirvió de cuartel general para Napoleón cuando ocupó la ciudad entre 1805 y 1809. La habitación donde se alojó se puede visitar en el Grand Tour, que recorre 40 de las más de mil habitaciones del palacio, cada una con su Historia e historias. Todas están decoradas con muebles y objetos de la época. La Sala de María Antonieta, por ejemplo, sirvió como comedor y la mesa está colocada como si fueran a servir la cena a la familia imperial, con cubertería de plata y vasos de porcelana vienesa. En las cenas familiares el protocolo era menos estricto que en las de la corte y podían charlar todos juntos, en lugar de susurrar únicamente con el de al lado, como en las ocasiones de etiqueta.

Jardínes de Schönbrunn
El Palacio de Schönbrunn es conocido como el Versalles vienés por sus jardines. El conjunto ocupa 1,5 kilómetros cuadrados.
Foto: © Schloß Schönbrunn Kultur- und Betriebsges.m.b.H/Alexander Eugen Koller

La emperatriz golosa

Una de las pasiones de Sissi eran los violas confitadas de Demel, un café abierto en 1768 que contaba con el sello de proveedor de la Corte Imperial y Real (K.u.k), el título honorífico que reconocía la calidad de los productos utilizados por la monarquía. Los que sucumban a la tentación del escaparate de Demel escucharán la misma pregunta que Sissi y el emperador hace dos siglos: “Haben schon gewählt?” (“¿ha decidido ya?”).

El exterior de Schönbrunn se puede visitar de forma gratuita. Sus laberínticos jardines, de inspiración barroca, forman parte del conjunto que la Unesco calificó de Patrimonio de la Humanidad en 1996. Este incluye el primer zoo del mundo, de 1752, y otros rincones interesantes, como el Museo de los Niños, donde descubrir cómo se divertían los más pequeños de la corte, o el Museo de Carruajes Imperiales, con una flota de más de 600 vehículos, entre ellos el carruaje fúnebre del emperador Francisco José y Sissi, que sirvió para transportar también a la última emperatriz, Zita, en 1989.

 

Viena está plagada de pequeñas ventanas al pasado en los que se revelan detalles de la vida de la nobleza en los días en que la ciudad era el centro cultural, artístico y político de referencia en Europa. Un ejemplo es la colección de instrumentos antiguos que en su día tocaron músicos como Beethoven o Chopin, o la Platería de la Corte, con el servicio de mesa del antiguo emperador y carísimos objetos, como un centro de mesa milanés de 30 metros de largo. Ambos se exhiben en el Palacio Imperial, la residencia habitual de los Habsburgo y centro de gobierno de la dinastía hasta 1918.

Exterior Palacio de Schönbrunn
La emperatriz María Teresa fue la que encargó muchas de las reformas que dan al Palacio de Schönbrunn su aspecto actual.
Foto: © Schloß Schönbrunn Kultur- und Betriebsges.m.b.H/Alexander Eugen Koller

El Palacio Imperial (o Palacio de Hofburg) es uno de los conjuntos palaciegos más grandes del mundo. Además de museos y exposiciones, en él se pueden visitar los aposentos imperiales donde vivieron el emperador Francisco José, su esposa y sus hijos. La decoración rococó, compuesta por tapices belgas del siglo XVII, lámparas de araña de cristal de Bohemia y mobiliario estilo Luis XV, dan una idea al visitante del glamour y el lujo entre el que vivían los gobernantes y sus allegados. También se puede visitar el gimnasio donde Sissi pasaba horas haciendo ejercicio.

Museo Sissi
En el Museo de Sissi se expone una réplica del vestido que llevó el día antes de su boda con el emperador Francisco José.
Foto: © Schloß Schönbrunn Kultur- und Betriebsges.m.b.H.

La emperatriz más cinematográfica es uno de los personajes más fascinantes del Imperio astrohúngaro. También lo era entre sus contemporáneos. Por ello, su esposo mandó fabricar pequeñas figuras de porcelana con su imagen para regalar a sus invitados. Sin embargo, ella nunca se sintió a gusto en la Corte vienesa y decidió refugiarse en la equitación, el ejercicio y sus rituales de belleza, como los baños templados de aceite de oliva o las mascarillas de yema de huevo. La ciudad le dedica un museo en el que se pueden ver más de 300 objetos personales, desde su botiquín de viaje a y vestidos y joyas de momentos importantes de su vida.

Demasiado progresista para la estricta etiqueta de la Corte, la emperatriz se dedicó a viajar por toda Europa y encontró la muerte en Ginebra. A pesar de ello está enterrada junto a Francisco José y otros miembros de la familia imperial en la cripta de la iglesia de los Capuchinos, cerca del Palacio Imperial. Su huella, como la del resto de los Habsburgo, sigue viva por el resto de la ciudad.

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