>>>La ciudad que no amaba los rascacielos pero dio al mundo una lección de diseño
Foto: Carlos Luján

La ciudad que no amaba los rascacielos pero dio al mundo una lección de diseño

La arquitectura de Múnich se debate entre la tradición y la modernidad, entre los palacios neoclásicos y los estadios de fútbol resplandecientes. Eso sí, mirando al futuro. Aunque no (siempre) sea en vertical.
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a capital de Baviera vive en una constante búsqueda del equilibrio. Entre la belleza y la utilidad, entre conservar su alta calidad de vida y el crecimiento desbordante de la gran ciudad. Y lo más importante, entre su pasado y su futuro. Gracias a una planificación minuciosa y a la participación de los ciudadanos en el desarrollo urbano, Múnich ha sabido conservar su identidad sin cerrarle la puerta a la vanguardia.

Un ejemplo es la ampliación de la Academia de Bellas Artes, en las cercanías del Siegestor (el Arco del Triunfo muniqués). La fachada de cristal y las formas diagonales del nuevo edificio contrastan con el estilo neoclásico del original, construido entre 1876 y 1885. Encargado al arquitecto Gottfried von Neureuther, fueron realmente los ciudadanos los que le dieron un último empujón a la obra, al reclamar que si no se terminaba la academia, “las artes se marcharían de Múnich y de Baviera”. El esfuerzo dio sus frutos, ya que por sus aulas pasaron artistas de la talla de Kandinsky y Paul Klee. Con su moderna extensión, inaugurada en 2005, la ciudad reafirmó su compromiso con el arte y la arquitectura.

Academia de Bellas Artes de Múnich
La Academia de Bellas Artes de Múnich fue fundada por el rey Maximiliano I de Baviera en 1808.

Detrás de esta nueva construcción se encuentra la firma Coop Himmelb(l)au, la misma que diseñó BMW Welt, el futurista ‘showroom’ situado junto al museo y las oficinas centrales de la marca, en Olympiapark. Este parque, creado para los Juegos Olímpicos de 1972, es otra de las paradas obligatorias en una ruta por la arquitectura más innovadora de la ciudad. Con 85 hectáreas y amplias zonas verdes, continúa siendo un lugar de encuentro para locales y turistas, con más de 400 eventos anuales y diferentes espacios para practicar deporte, desde esquí hasta natación.

 

Hoy son grandes empresas como BMW, HypoVereinsbank o Siemens las que patrocinan las obras arquitectónicas que están modelando Múnich. Asumen el papel que en su día tuvo la dinastía Wittelsbach, al frente de Baviera desde el siglo XIII hasta principios del siglo XX. Durante el reinado de Luis I, gran amante de la arquitectura, se construyeron el Siegestor, el palacio de la Residencia y la Nueva Pinacoteca, entre otros. Su nieto Luis II mandó edificar en los bosques de los alrededores el famoso castillo de Neuschwanstein, del que se dice que inspiró al mismísimo Walt Disney.

Conjunto de BMW en Múnich
BMW Welt ofrece visitas guiadas por su exposición de 9:00 a 18:00.
Foto: Carlos Luján

Los ‘palacios’ actuales son las sedes ultramodernas de Siemens, con cerca de 45.000 metros cuadrados y la última tecnología para garantizar la sostenibilidad energética del edificio, o la torre HVB –conocida también como Hypo-Haus– y sus características torres cilíndricas de vidrio y aluminio. Con 114 metros de altura, fue el primer rascacielos que superó a la Frauenkirche, la catedral de Nuestra Señora de Múnich. Los muniqueses siempre se han mostrado críticos con este tipo de construcciones.

Ya en 1912 el Consejo Comunitario acordó normas especiales para que los edificios altos no pudieran tapar las vistas de los Alpes bávaros que rodean la ciudad. Se decidió que estos no ocuparan el casco antiguo, y eran permitidos siempre que su altura no superara la de las torres de la catedral, con sus clásicas cúpulas de color verdoso. En la actualidad se aplica el mismo criterio, pero con una mirada más contemporánea, estudiando cada caso de forma individual. Aún así, el rascacielos más alto de Múnich, Uptown München, mide solo 146 metros.

La creatividad y la innovación también se demuestran en horizontal, como evidencia el estadio Allianz Arena, cubierto por paneles LED que cambian de color según el equipo que juegue. O el Museo Brandhorst, con 36.000 piezas de cerámica en varias tonalidades en su fachada, que desde la distancia dan una imagen de pintura abstracta.

El diseño ha llegado hasta los lugares más insospechados, como el aparcamiento diseñado por Peter Haimerl Architektur, en la Salvatorplatz, o la Nueva Sinagoga (Ohel Jakob), convertida en icono gracias al trabajo de los arquitectos Rena Wandel-Hoefer y Wolfgang Lorch. E incluso ha llenado de color las estaciones de metro. También bajo tierra, Múnich ha encontrado el equilibrio entre belleza y utilidad. Quizá sea ese el secreto para que las artes nunca la abandonen.

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