>>>Johannesburgo: el Brooklyn de Sudáfrica
Foto: Keenan Constance/ Unsplash.com

Johannesburgo: el Brooklyn de Sudáfrica

Renacida de su combativo pasado, Johannesburgo se ha convertido en la ciudad más moderna de África. Un nuevo paisaje urbano donde los animales salvajes viven en los muros de sus renovados barrios.
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ace diez años, Maboneng, el actual barrio de moda de Johannesburgo, ni siquiera había sido inventado. Era solo un lugar peligroso lleno de almacenes abandonados. Hace diez años la gente no venía a Johannesburgo para visitar Johannesburgo, sino que lo usaba como puerta de entrada hacia la explosiva naturaleza que la rodea. Eso era hace una década. La ciudad más grande de Sudáfrica ha cambiado y emerge de las sombras del apartheid con una nueva generación de sudafricanos que se está levantando y creando una urbe redefinida por la libertad creativa y de expresión. Ahora ya no hace falta salir corriendo de Johannesburgo hacia un safari, ahora es obligatorio quedarse y descubrirla.

Como en tantas ciudades con pasados industriales, el centro de Joburg –manera abreviada que usan los locales para referirse a Johannesburgo– está rodeado de barrios con fábricas oxidadas, que a su vez están rodeadas por ricos suburbios. En 2008 Jonathan Liebmann, un joven empresario sudafricano, se empeñó en regenerar una de estas zonas industriales. Rebautizada como Maboneng –que significa “lugar de luz” en Sotho (una de las 11 lenguas oficiales de Sudáfrica)–, y ubicada en el extremo este del distrito comercial central, se ha convertido en el ‘Williamsburg sudafricano’.

Cartel en el barrio de Maboneng
The Centre for the Less Good Idea’ es uno de los principales espacios dedicados a la promoción del arte en Maboneng.
Foto: Ma.t.hurin/Visualhunt.com

El barrio de la libertad

Soweto –a unos 20 kilómetros al suroeste de Johannesburgo– es el municipio más grande de Sudáfrica, y una de las zonas más emblemáticas de la ciudad. Allí se encuentra Vilakazi Street, la única calle en el mundo donde vivieron dos Premios Nobel: el arzobispo Desmond Tutu y Nelson Mandela; la iglesia católica de Regina Mundi, la mayor del país; o la plaza Walter Sisulu, donde se adoptó la Carta de la Libertad en 1955.

Maboneng es visita obligada para conectar con el nuevo corazón de la ciudad. En vez de ser derruidas, las viejas construcciones industriales se han remodelado por dentro, reconvirtiéndose en viviendas e invernaderos de empresas para emprendedores. El pionero fue el complejo Arts on Main, donde se mezclan tiendas, espacios creativos y estudios de arte de importantes artistas como William Kentridge (pintor y cineasta). Todos los domingos el patio de Arts on Main se convierte en un mercado de productos locales donde los ‘food trucks’ ofrecen buen café, hamburguesas con queso azul, y cocina africana recién elaborada. En Main Street Life, otro de los espacios renovados, se encuentra el teatro POPArt, y The Bioscope, el único cine independiente de la ciudad.

El barrio más cool de Joburg se recorre fácilmente en torno a su calle principal, Fox Street, donde el espíritu ecléctico se refleja en su gran oferta gastronómica. Bares improvisados en garajes en los que probar pescado dorado de Mozambique, pequeños locales como Little Addis Cafe, que sirve generosas porciones de comida picante etíope, o la imaginativa propuesta de Urbanologi, cuyos platos mezclan ingredientes locales con nuevos sabores asiáticos.

Mujer delante de edificio Revolution House
El edificio de viviendas Revolution House está construido dentro de una antigua fábrica de zumos.
Foto: South African Tourism on Visualhunt.com

En el núcleo central de la ciudad, otros barrios creativos y ‘millennials’ atraen a visitantes y locales. A Braamfontein hay que ir para ver alguna de las exposiciones del Wits Art Museum (WAM), que ofrece una amplia colección de arte africano, y después a tomar un perrito caliente acompañado de cerveza artesanal en Great Dane. Otra de las visitas obligadas es Melville, uno de los barrios donde las parejas interraciales podían socializar abiertamente durante el apartheid. El ambiente bohemio se mantiene hoy en día con atractivas tiendas de antigüedades, diseñadores independientes y modernos bares.

Puente de Nelson Mandela
El puente de Nelson Mandela, que pasa por las vías del ferrocarril que separan los barrios de Newtown y Braamfontein, tiene una longitud de 295 metros.

Retratos en blanco y negro de Nelson Mandela o gigantescos animales africanos decoran las paredes del centro urbano, cuyos murales sirven de eco a la creatividad que alimenta a los nuevos barrios. “En todas nuestras propuestas de desarrollo hay un fuerte enfoque en las artes”, explica Jonathan Liebmann, “por eso seguimos invirtiendo en ellas”. Un buen ejemplo es la fachada del edificio The Urban Fox, diseñada por el artista callejero Faith47, o la incorporación más reciente de Maboneng, el lujoso hotel Hallmark House, creado por el arquitecto David Adjaye, que ofrece unas increíbles vistas 360 de la ciudad. Nuevas miradas que rinden homenaje al pasado de Johannesburgo mientras perfilan su brillante futuro.

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