>>>El desierto que se comió Kolmanskop

El desierto que se comió Kolmanskop

Vivió su máximo esplendor durante la primera mitad del siglo XX gracias a los diamantes que escondían sus tierras. Hoy Kolmanskop, en Namibia, es un pueblo fantasma engullido por la arena.
Durante los años que duró la Primera Guerra Mundial, Kolmanskop dio 1.000 kg de diamantes a los mineros alemanes. Mientras el Viejo Continente se batía en la Gran Guerra, esta pequeña región del desierto de Namibia –entonces bajo control de Alemania– vivía su época más boyante. Todo comenzó en 1908, cuando Zacharias Lewala descubrió un enorme diamante mientras reparaba una vía de tren. Los alemanes acudieron a la llamada de ‘la búsqueda del tesoro’ y decidieron establecerse en esta zona, creando una nueva ciudad a la que llamaron Kolmanskop. Tres años antes, en 1905, un transportista llamado Johnny Coleman perdió el rumbo al ser sorprendido por una tormenta de arena mientras conducía en dirección al pueblo costero de Luderitz. Tuvo que dejar abandonada su carreta en la colina. Por eso, esa zona pasó a conocerse como ‘la colonia de Coleman’. Traducida al afrikáans: Kolmanskop.
La visita cuesta 60 dólares namibios.

Recuperando el brillo perdido

Kolmanskop pertenece al Parque Nacional de Sperrgebiet, que en alemán significa 'zona prohibida'. Es un área de acceso restringido en pleno desierto de Namib. Actualmente, Namdeb Diamond Corporation está trabajando para recuperar el daño causado por la minería en los tiempos de bonanza.

En poco tiempo, este pueblo minero se convirtió en la ciudad más rica de África, y contaba con todas las comodidades: escuela, hospital, casino, salón de baile… Se construyeron auténticas mansiones de estilo bávaro para las más de 700 familias que allí vivían. El dinero no era problema. Hasta la Primera Guerra Mundial, Kolmanskop fue la sede de la South-Western Diamond Industry. Los salarios de los trabajadores eran altos y recibían beneficios sociales. Cada mañana se les entregaban bloques de hielo para mantener la comida y las bebidas frías, y las construcciones se protegieron para que los fuertes vientos no las ‘inundaran’ de arena.
Todo terminó a mediados de los 50, cuando la masiva extracción de diamantes acabó con las existencias y todos los habitantes abandonaron la ciudad. Los mineros se marcharon a Oranjemund, a unos 400 kilómetros al sur, donde se hicieron nuevas excavaciones. Desde entonces, Kolmanskop se ha convertido en una ciudad fantasma sepultada por la arena. El desierto ha recuperado el espacio que un día ocuparon las grandes mansiones de piedra, y hoy las salas de baile son pequeñas dunas bajo techo. En la actualidad, Kolmanskop pertenece a la empresa Namdeb y recibe miles de visitas gracias a la fama que han adquirido sus casas enterradas en arena. Para acceder, hay que tener permiso del gobierno de Namibia, que pretende con ello evitar la saturación y el vandalismo. Las visitas deben hacerse en compañía de un guía y tienen una duración máxima de una hora. Algunas rutas incluyen otros pueblos abandonados como Pomona o Bogenfels. A unos 30 kilómetros de distancia se encuentra otra de las llamadas ciudades fantasmas, Bahía Elizabeth, que vivió sus mejores años entre 1926 y 1935. Su buena racha duró algo menos que la de Kolmanskop, pero ambas firmaron el mismo final: agotados los diamantes, acabada la ciudad.
Kolmanskop está a 850 kilómetros de la capital, Windhoek.
Fue la primera ciudad africana en tener tranvía.

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