>>>Donde Robinson Crusoe se hizo turista

Donde Robinson Crusoe se hizo turista

Piratas, tesoros, presos, expatriados y colonos. Aventuras recreadas por Daniel Defoe. El espíritu de su personaje más icónico, Robinson Crusoe, permanece en esta isla chilena que lleva su nombre.
C
aminé por la playa con las manos en alto y totalmente absorto en la contemplación de mi salvación, pensando en mis compañeros que se habían ahogado; no se salvó ni un alma, salvo yo (…) Empecé a mirar a mi alrededor para ver en qué clase de sitio me encontraba y qué debía hacer”. Así narra Robinson Crusoe su llegada a esta isla situada a 670 kilómetros al oeste de Chile –700 de Valparaiso–, en el Océano Pacífico.
Bucear, hacer surfing o montar en kayak son algunas de las actividades marítimas disponibles.
Foto: Germán Recabarren Bordones

Más Afuera y Más a Tierra

Buscaba el marinero español Juan Fernández nuevas rutas entre Perú y Chile cuando se cruzaron estas islas. Al llegar las dividió por su situación. La ‘Más Afuera’ es hoy Alejandro Selkirk, y la ‘Más a Tierra’, Robinson Crusoe. Esta última acoge el único poblado estable y permanente del archipiélago, el San Juan Bautista.

Aunque su objetivo hoy en día es turístico, su espíritu desértico se resiste a desaparecer. Solo el 1% de los chilenos ha visitado la isla Robinson Crusoe. Sus habitantes, unas 800 personas, viven de este sector y de la pesca de la langosta. Los viajeros no tendrán que preocuparse, como el náufrago, de “morir de hambre o devorado por las bestias”, pues la langosta es el sustento principal.
La desolación que sintió el marinero no existe. El vacío lo llenan cruceros como el Minerva, que en una sola jornada trajo 350 turistas atraídos por el espíritu del náufrago. Cada elemento que describió Defoe, el olor del mar, el verde frondoso, continúa. Al llegar –lo más fácil es en avionetas desde Tobalaba, Pudahuel o Torquemada–, podrán interiorizar la emoción de revivir el más literario de los viajes. Lo primero será la asimilación mitómana: los árboles a los que el náufrago subió su primera noche en la isla, atemorizado porque carecía de armas, continúan allí, ajenos al paso de tiempo.
Además de los restaurantes, la langosta puede tomarse a bordo de una ‘chalupa’, bote que incorpora una cocinilla.
Foto: Germán Recabarren Bordones
La isla, junto a las de Alejandro Selkirk y Santa Clara, conforman el archipiélago Juan Fernández, Parque Nacional y Reserva Mundial de Biósfera de la Unesco desde 1977. Imprescindible es acercarse hasta San Juan Bautista, con el Fuerte Santa Bárbara, que en el siglo XVIII defendió la soberanía nacional. Cerca está la cueva de los Patriotas, cavernas donde encerraban durante la Reconquista a los chilenos desterrados por las fuerzas leales a la corona española.
El 62% de la flora es endémica de la isla.
Foto: Germán Recabarren Bordones
Si Robinson Crusoe se dedicaba a domesticar ovejas o construir una casa con troncos, hoy son otras las actividades destinadas al viajero: pasear a caballo, avistar aves o subir al mirador de Selkirk. Se puede navegar desde la bahía Cumberland a Puerto Inglés, realizando un paseo arqueológico y visitando las excavaciones realizadas en busca del tesoro, fruto de sus múltiples fechorías por los Siete Mares, del  pirata Francis Drake. Y terminar el recorrido en la Lobería Tres Puntas, llamada así porque es el lugar donde se hacen inmersiones de buceo en las que se contemplan centenares de lobos marinos. La visibilidad es espectacular, y la temperatura oscila entre  los 14 y 21 grados.
Si el viajero entra al juego y se guía por lo onírico y exótico que impregna la novela, será capaz de hallar esos recursos en la isla. Es el momento de armarse de lírica y condensar en tres días los 28 años de aventuras del marinero. Subjetividad e imaginación para ser, como Crusoe, el rey de la isla.

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