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Destino al infierno

La depresión Danakil, en el Cuerno de África, es uno de los puntos más calientes del planeta. Con apenas 60.000 habitantes, son muchos menos los que se atreven a visitarla.
El termómetro marca 51ºC a las cuatro de la tarde. Al desierto de Danakil se le conoce como ‘el infierno en la Tierra’. Atravesarlo es seguir los pasos de Rimbaud, quien probó fortuna como traficante de armas en África cuando se cansó de escribir poemas. Bajo el sol abrasador, las temperaturas alcanzan los 63ºC y en verano nunca bajan de 40º. Una prueba de resistencia para un ‘faranji’, nombre que los etiopes dan a los extranjeros. Dallol es el cráter volcánico situado en la depresión de Danakil y tiene el récord de temperatura anual más alta registrada. Aventurarse en este lugar inhóspito exige medidas de seguridad. “Quedarse sin vehículo de respaldo, comunicación vía satélite o agua puede ser mortal”, advierte uno de los guías. Son necesarios 500 litros de agua para ocho personas. Explorar Danakil en grupo no es apto para todos los públicos, pero viajar en solitario ni siquiera es una opción. También debe acompañar una escolta militar formada por tres soldados. Su contratación es imprescindible para evitar incidentes con la población local.
No hay ningún lugar en kilómetros donde se pueda comprar bebida o comida.

Para visitar el desierto de Danakil

Se necesita un permiso de las autoridades locales (que se puede tramitar en el momento) y contratar una pequeña escolta militar (mínimo dos soldados). Es imprescindible alquilar un todoterreno con los servicios de un conductor o guía que conozca bien el lugar.

El desierto de Danakil se encuentra en la depresión del mismo nombre. Ocupa parte de Etiopía, Eritrea y Yibuti, en el Cuerno de África. El surrrealismo del entorno compensa la dureza del clima. Surgen colores vivos y contornos imposibles. El paisaje pasa drásticamente de la impoluta blancura de sus lagos de sal a los manantiales de colores de Dallol, la zona volcánica. Estamos en el punto más bajo de África, a 125 metros por debajo del nivel del mar. No sería difícil descuidarse y meter el pie en algún géiser humeante. Las lagunas arden y son naranjas, verdes, rojas o amarillas burbujeantes debido al sulfuro y azufre, que impregna la atmósfera de un intenso olor. Los rugidos procedentes del interior de la tierra son los que evitan el silencio.
Hay más de 30 volcanes activos en Danakil. Erta Ale es el que más actividad tiene de Etiopía. Su sobrenombre, ‘la puerta del infierno’, intimida a pesar de ser uno de los más bajos del mundo, 613 metros. Hay que esperar a que anochezca para ascender hasta su caldera y observar demasiado cerca la lava que se acumula en su cráter, formando un lago. Hay cuatro en el mundo y este es el más antiguo.
La temperatura media anual de Danakil es de 34º. Se califica como ‘zona sensible’ por el gobierno de Etiopía.

Dormir bajo las estrellas

Para viajeros experimentados y épocas menos calurosas (noviembre a febrero) existen recorridos de varios días que permiten visitar Erta Ale. Se duerme al raso en un campamento en la entrada del desierto de sal. Hay que alquilar dos vehículos: uno para moverse y otro para el personal auxiliar y equipamiento.

Danakil es la tierra de los afar, tribu seminómada de pastores que vive en este inframundo. Ali Noor tenía 14 años cuando empezó a extraer sal como modo de subsistencia. Lo hace con la única ayuda de un bastón y un machete. “A veces te olvidas del calor”, susurra sin dejar de picar la tierra. Cuando el agua de los lagos se evapora, se forma una corteza de sal. Lo consideran ‘oro blanco’. Los trabajadores lo cortan en bloques y los cargan en sus camellos, todos los que el animal aguante. Entonces empieza el viaje hasta la ciudad de Berahile, donde la descargan para que los expertos conviertan los bloques en lingotes. Son las caravanas de sal de Danakil. Los afar viven repitiendo su pasado, pero es su único futuro.
La última erupción del volcán Erta Ale fue en 2009.

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