>>>Bath y el placer de la vida contemplativa
Foto: ©Collin Hawkins. visitbath.co.uk

Bath y el placer de la vida contemplativa

Un baño en aguas termales, un paseo por un jardín de la época victoriana y el té de las cinco. Una jornada en esta ciudad del sudoeste de Inglaterra es una homenaje al relax.
N

adie está sano en Londres ni nadie puede estarlo”. Si hacemos caso a está frase de la novela ‘Emma’ (solo por un fin de semana, que no cunda el pánico) y nos alejamos solo 150 kilómetros de la vibrante capital británica, llegaremos a Bath, la apacible ciudad donde vivió Jane Austen entre 1801 y 1806. Es conocida mundialmente por sus termas romanas, los únicos manantiales naturales de agua caliente de toda Gran Bretaña.

Aquae Sulis. Así es como conocían los romanos a Bath. Eligieron ese nombre por el agua mineral termal que bañaba la zona y porque así –Sulis– es como llamaban a este espacio los celtas. Y es que, aunque hoy todo el mérito se atribuye a los romanos, el primer baño fue construido en el siglo IX a. C. por los celtas, que lo dedicaron al dios Sulis. Ya en el siglo I a. C. los romanos continuaron con la expansión de un complejo que les llevó construir más de tres siglos y que consagraron a la diosa Minerva. Así las termas romanas se completaron con tres baños: agua caliente, fría y templada.

The Gainsborough Bath Spa
El spa de The Gainsborough también está abierto a no hospedados en el hotel.
Foto: ©The Gainsborough

Historia y naturaleza

Además del centro de la ciudad, los alrededores de Bath también están considerados Patrimonio de la Humanidad. Espacios verdes como las colinas de los Cotswolds y Mendip, o los lagos y valles del noroeste de Somerset comparten espacio en una de las regiones con mejores jardines y casas históricas de Gran Bretaña.

Las termas de Bath vivieron su primer apogeo hasta el siglo V, al marcharse los romanos de Gran Bretaña. Fue entonces cuando el edificio empezó a deteriorarse. Y así siguió hasta el siglo XII cuando el obispo de Bath lo recuperó –esta vez como espacio curativo–. Varias reformas en siglos posteriores acabaron en la época victoriana (siglo XIX), cuando los baños adquirieron la disposición que hoy conservan y que les valieron la distinción de patrimonio inglés (primer rango) en el ámbito de la arquitectura.

 

Actualmente se pueden visitar las ruinas y el templo, pero las condiciones del agua no aconsejan al baño. Existen alternativas como Thermae Bath Spa, un moderno complejo donde una sesión de spa de dos horas cuesta unas 38 libras. La tarifa más baja, de 20 libras, es para un pase de media hora. Se puede elegir entre 40 tratamientos y paquetes de spa. Cuenta con una sala en el interior (Minerva) y una piscina de agua termal en la azotea, al aire libre, con una privilegiada vista de la abadía de Bath.

The Gainsborough Bar.
The Gainsborough Bar abre sus puertas desde las 12 del mediodía hasta la medianoche.
Foto: ©The Gainsborough

Justo enfrente de Thermae se encuentra The Gainsborough Bath Spa. Construido en el siglo XIX, este hotel ocupa dos edificios de fachadas georgiana y victoriana. Además del Spa Village Bath, cuenta con dos espacios gastronómicos. The Canvas Room, para cenar o tomar el té de las cinco, y The Gainsborough Bar, especializado en vinos, cervezas y cócteles. El barman del local prepara cócteles a medida y tragos tradicionales gracias a su extensa colección de champán, ginebra y martini.

Royal Victoria Park.
Royal Victoria Park, de 23 hectáreas, se construyó en 1829 y fue inaugurado un año después por la Reina Victoria.
Foto: ©Collin Hawkins. visitbath.co.uk

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, Bath cuenta con 5.000 edificios designados de especial interés por su valor arquitectónico. Además de las termas, el Royal Crescent, la abadía de Bath, el puente de Pulteney sobre el río Avon o el Royal Victoria Park constituyen las visitas imprescindibles es esta serena ciudad en la que todo está a un paseo de distancia. Incluido el Jane Austen Centre, que rinde tributo a la escritora que se inspiró en sus calles para escribir dos de sus novelas, ‘Persuasión’ y ‘La abadía de Northanger’. Su premiado salón de té, Regency Tea Room, es de visita obligada. No dejes de probar su ‘Tea with Mr. Darcy’, acompañado de sándwiches, scones de crema, mermelada de temporada y una selección de pasteles caseros. Una auténtica delicia. Palabra de Jane Austen.

Artículos relacionados

En casa de Shakespeare

En 2016 se celebra el 400 aniversario de la muerte de William Shakespeare. Stratford-upon-Avon, en Inglaterra, escribió su mejor obra:...

Un año de aventuras en Gales

Con sus colinas y acantilados agrestes y 15 cumbres de casi 1.000 metros de altura, la región británica de Gales...

Viajar en el tiempo por Escocia con ‘Outlander’

Grandes piedras mágicas, castillos puntiagudos y profundos valles. Los escenarios de la serie ‘Outlander’ tienen su réplica en las tierras...

St. Andrews, abierto para jugar

Solo sucede dos veces al año. No es ningún fenómeno meteorológico, pero los aficionados al golf señalan en rojo en...