>>>Ammán, en las colinas del tiempo
Foto: visitjordan.com

Ammán, en las colinas del tiempo

Moderna y tradicional. Tranquila y agitada. Los opuestos se unen en Ammán y el bullicio de sus calles nos arrastra hacia el auténtico sentimiento de Oriente Medio.
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ara ser una de las ciudades habitadas más viejas del mundo, Ammán es sorprendentemente moderna. Construida sobre siete colinas –convertidas en diecinueve en la actualidad–, la capital del reino de Jordania alberga más de un millón de personas, casi la mitad de la población del país. Se está convirtiendo en una metrópoli conectada y de vanguardia, en parte gracias a que gran parte de esa población es menor de 25 años.

Sus 7.000 años de historia arrastran una mezcla de civilizaciones que se refleja en sus contrastes actuales. A pesar de los siglos de asentamiento de amonitas, asirios, nabateos, romanos, omeyas y otomanos, en el siglo XIX la ciudad estaba desierta y habitada solo por los nómadas beduinos. El paso del ferrocarril y la independencia de Jordania en los años 20 y 40 del siglo XX, la revitalizaron, favoreciendo un flujo comercial que la ha permitido crecer y asomarse al futuro desde sus raíces.

Mano de Hércules en la Ciudadela, Ammán
Visitar el Museo de Arqueología de la Ciudadela es como entrar en un aula de estudio de Indiana Jones, con etiquetas manuscritas y vitrinas de latón portátiles.

Dos paradas obligadas

Hashem, un restaurante donde el rey Hussein ha comido, legendario por su falafel, humus y ful. Y Habibah Sweets, un café famoso por su adictivo ‘kanafeh’, el postre nacional, una base de masa filo, cubierta de queso salado, jarabe de azúcar caliente y pistachos picados.

Las ruinas de las civilizaciones que dejaron su huella conviven entre sí en la Ciudadela, ubicada en Jabal al Qal’a, la colina más alta de Ammán con casi 900 metros sobre el nivel del mar. Al lado de una gigantesca mano tallada en piedra, perteneciente a la que fue estatua de Hércules, encontramos restos de templos romanos. Le acompañan iglesias bizantinas y el palacio Omeya, un auténtico ‘castillo del desierto’ del siglo VIII que todavía se mantiene en pie.

A los pies de la Ciudadela emerge el anfiteatro romano, el más grande conservado en Jordania. Un impresionante testimonio de cuando Ammán fue Filadelfia, una de las antiguas ciudades de la decápolis. En su escenario se mezclan jóvenes jordanos practicando skate con los turistas enfocando las cámaras al ‘skyline’. Inmenso y con una acústica envidiable, en la actualidad ofrece espectáculos en sus más de 6.000 asientos perfectamente conservados.

Arquitectura con raíces

Los restos de las antiguas civilizaciones contrastan con las construcciones contemporáneas. A la espera de la próxima apertura de la Casa de Cultura del Rey Abdullah II, diseñada por Zaha Hadid, destacan el puente Wadi Abdoun y el aeropuerto internacional Queen Alia.

Conocer Ammán es conocer sus calles. El pulso más tradicional se siente en el céntrico barrio de Al Balad, el principal bazar, también conocidos como ‘souks’ de la ciudad. Estimulante, caótico y lleno de comerciantes, para navegar entre sus puestos hay que mantener alerta todos nuestros sentidos. Faroles y joyas se venden junto con fruta fresca, dulces o especias.

Las mezquitas, ‘souqs’ y cafés, piedra angular de la vida jordana junto a la hospitalidad de sus habitantes, son una constante entre las serpenteantes calles. En pleno centro podemos acceder a la mezquita del rey Abdullah, abierta para no musulmanes y una de las más espectaculares. Su cúpula azul, tallada con patrones geométricos y tipografía coránica, se funde con el cielo y el ruido del tráfico. Rainbow Street es punto de encuentro de los jóvenes, se suceden los locales con una gran oferta gastronómica y atmósfera moderna que se contagia al ambiente nocturno. El humo de las pipas se mezcla en Rakwet Arab Cafe, uno de los sitios con mejor tabaco ‘shisha’ de la ciudad.

Mezquita del rey Abdullah en Ammán
La Mezquita del rey Abdullah destaca por los mosaicos de color azul turquesa que decoran su cúpula.
Foto: visitjordan.com

El barrio de Jebel Al Weibdeh, asentado sobre una de las siete colinas, se ha convertido en uno de los más populares. Aquí, los negocios tradicionales conviven con originales propuestas como la tienda JoBedu, una famosa marca local especializada en diseño gráfico y ropa; o Darat al-Funun, un complejo de varias villas que han sido convertidas en galerías. Un refugio de arte contemporáneo para jóvenes creadores con instalaciones de vídeo de vanguardia, películas al aire libre y actuaciones en vivo que trazan el conjunto cultural de la capital.

Cualquier momento es bueno para hacer una parada entre las intrincadas calles y saborear un café con cardamomo, acompañado del tradicional ‘kanafeh’, o de un helado hecho con nitrógeno líquido, en Four Winters. El viejo mundo se une con el nuevo. Esto es Ammán, ‘marhaba’ (bienvenido).

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